Debo confesar que no daba yo un duro por el melocotonero. En un principio, lo planté en la huerta, pero no le gustaba nada. Le gustaba tan poco, que pensé que se iba a morir. Tan mal lo vi, que lo pasé a una maceta (un tanto pequeña) y se ha pasado el invierno en el patio.
Hace unas semanas lo trasladamos a su ubicación definitiva, en la Isla central, frente a la palmera y parece que le ha gustado.
Ahora, a mediados de mayo están así, me pregunto si al final conseguiremos comernos alguno.


